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Yo soy la solución contra el cambio climático, una iniciativa de la Fundació Terra, nos presenta una calculadora de la huella de carbono que propone la Fundació Terra y el CADS (Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible) para ayudarnos a averiguar cuales son las emisiones asociadas a nuesta vida, en cinco ámbitos: el hogar, la movilidad, la alimentación, los bienes de consumo y los residuos.

Veo con buenos ojos aquellas iniciativas que, más allá de la también necesaria tarea de informar sobre el estado de nuestro planeta, nos ayudan con ideas que nos permiten colaborar en la medida de nuestras posibilidades. Por eso me ha gustado ver en el menú de la izquierda de esta calculadora de nuestra huella que nos trae ideas para poner en marcha en casa, a la hora de movernos, para alimentarnos, en nuestros hábitos de consumo y ocio, nuestros residuos y nuestro estilo de vida en general. Poco a poco habrá que ir incorporando alguna de estas ideas.

Podemos ver, po ejemplo, lo que nos aconsejan a la hora de pensar en nuestras vacaciones (bastante en la línea, me atrevería a decir, de la filosofia slow-travel):

Las emisiones asociadas a los desplazamientos en nuestras deseadas vacaciones dependerán de dos componentes: la distancia a la que queremos viajar y el tipo de transporte que utilizamos.

Las mejoras en las comunicaciones y diversos factores hacen que viajar a largas distancias y rápidamente no sea un lujo, sino algo accesible para prácticamente todo el mundo. La verdad es que viajar y conocer otros lugares y otras personas es de las cosas más enriquecedoras que nos pueden pasar a nivel personal. Pese a ello, podemos crecer y conocer siguiendo algunas pautas que ayuden a evitar el descontrol climático.

Se pueden escoger destinaciones turísticas más cercanas (que existen, y tienen suficiente interés cultural y natural como para merecer una visita), hecho que reduce las distancias necesarias y permite viajar con medios de transporte de emisiones moderadas como el tren o el autobús.
También vale la pena “ambientalmente”, cuando se viaja a una región lejana, intentar pasar más tiempo para ver todo lo que interese, o planificar para a poder visitar más de un lugar de la zona, y así poder prescindir de viajes reiterados a la misma región en el futuro, y aprovechar al máximo las emisiones que se han tenido que hacer en el viaje.
Además, cuando se hace un viaje a larga distancia, se puede escoger el medio de transporte con menos emisiones de CO2 asociadas posible. En algunos casos puede ser difícil escoger: muchas veces es posible viajar en tren, pero requiere dos días más de viaje… Hemos de valorar, entonces, si queremos o podemos cambiar CO2 por nuestro tiempo. Como hemos visto, el avión haría la mayor contribución en CO2 y, en general, las emisiones asociadas a barcos o ferrys son menores que las de los aviones. Pero parece que no sería éste el caso de los catamaranes rápidos, de los que se duda si no podrían finalmente ser peores en emisiones que los aviones: al final, parece que la clave es que, cuanto más rápido nos movemos, más emisiones generamos.

Los humanos necesitamos toda una serie de cosas que nos hacen crecer el espíritu, y los del Primer Mundo -que podemos acceder a prácticamente todas ellas- deberíamos tomarlas con responsabilidad y hacer un buen uso. Por ejemplo, intentando crear un impacto ecológicamente positivo con nuestros viajes o actividades en general, o intentando reducir nuestra huella durante el resto del año (moviéndonos menos los fines de semana, comprando menos bienes de consumo…) para reservar un poco de carbono para aquel viaje con el que soñamos.

Calculadora de CO2

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