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¿Te parece complicado tratar con tu jefe?

¿Es una persona difícil?

¿No sabes qué hacer para que cambie?

Para desvelar las claves que nos permitirán mejorar, traemos un post publicado en el blog de Zen Habits, escrito por Jerry Roberts, de CareerJolt.net, en calidad de «autor invitado».

Se trata de un nuevo post de sharismo sincronizado con Yoriento que publicamos los dos a la misma hora. No te pierdas su versión: Cinco estrategias para sobrevivir a un jefe difícil y otros artículos suyos en la línea del haz lo que debes.

Según Jerry, La estrategia es más útil que la emoción.

Decir que tu jefe es un monstruo o culparle por todo lo que va mal en tu vida puede ser lúdico e incluso terapéutico, pero no ayuda nada a mejorar tu situación. Sólo una estrategia dirigida de forma clara y un conjunto de tácticas definidas lo harán.

Pero antes de plantearnos la estrategia, Jerry nos propone que analicemos si debemos quedarnos o marcharnos, que seamos conscientes de que los jefes malos son minoría, que los directores también necesitan desahogarse y analizar honestamente en qué medida puede que nosotros también seamos parte del problema.

El análisis previo es importantísimo, así que si no lo has realizado, ¡hazlo ya! No sigas leyendo sin haberlo hecho.

Si ya tienes claro el análisis inicial, aquí va la traducción de las estrategias que nos propone Jerry:

Estrategia 1: Prepárate para comprometerte

Si vas a aceptar la nómina, aunque encuentres a tu jefe detestable y carente de todo valor social que le pudiese redimir, vas a tener que encontrar la forma de trabajar juntos. Eso significa que tendrás que romperte la cabeza con este proceso. Tendrás que encontrar algo en él que te permita tolerar sus debilidades y pasar por alto el resto.

Incluso los peores directivos tienen buenas cualidades, a veces geniales. Si puedes dejar de lado tu ego y permitirte apreciar a esta persona por lo que hace bien –y bloquear las cosas que hace que te sacan de quicio- vas por buen camino.

¿Compartes su interés por un deporte o un hobby? Profundiza un poco y haz un esfuerzo por conectar. Te podría sorprender encontrar una persona humana bajo el traje de jefe mezquino.

Tanto si lo haces de esta forma o no, tienes que aceptarle mental y emocionalmente y continuar adelante.

Estrategia 2: Reúnete 5 minutos

Para saber dónde estás con tu supervisor dale una nota manuscrita (no un e-mail) pidiéndole una breve reunión. “Necesito tu ayuda en algo importante. ¿Me puedes dar cinco minutos?” Eso es suficiente. No concretes aquí. La curiosidad juega a tu favor.

Cuando entres en la reunión tienes tres objetivos:

  1. Conseguir la opinión del director sobre la calidad de tu trabajo
  2. Dejar claro que te entusiasma tu trabajo
  3. Mostrar que quieres avanzar y hacer más

Di algo como esto:

1. «Gracias por dedicarme tu tiempo. A fin de mejorar en mi trabajo necesito tu opinión sobre como lo estoy haciendo y si hay algo en concreto que piensas que puedo hacer para mejorar

¿Por qué? Esto demuestra que respetas su opinión. Toma notas para que tu jefe vea que sabes que su tiempo es importante y no cuestiones su punto de vista en este momento. Si cuestiona tu productividad puede que sea su percepción honesta. Cambiarás esto mediante el resto de estrategias, pero no discutiendo. Simplemente escucha y escribe.

Cuando haya terminado de darte su opinión, solicita inmediatamente una reunión de 5 minutos al mes para evaluar los progresos realizados. No te vayas sin haber fijado día y hora.

2. «Estoy muy entusiasmado con (actual proyecto o iniciativa), y la dirección general que estamos llevando».
¿Por qué? La mayoría de jefes piensan usando estereotipos, al igual que la mayoría de todos los demás. Es la naturaleza humana. A menos que destaques y muestres una actitud positiva, es fácil ver tan sólo un cuerpo en frente y no concederte ningún valor, o que te juzgue como indiferente. Si no te entusiasmas por todo lo que tiene que ver con tu trabajo, tal vez el jefe no sea tu problema.

3. «Si vengo con un poco de tiempo libre, puedo volver a debatir un proyecto que he estado pensando?»

¿Por qué? Nada te acercará más al corazón de un supervisor que un trabajador que se ofrece voluntario para un trabajo extra. Todos los empleadores tienen proyectos huérfanos rondando en estado descuidado. Pregunta entre los administrativos cuáles son elige uno que además de beneficiar a la organización también te dé una visibilidad un tanto amplia. Luego aplícate.

Pasará una de dos opciones
Realmente aquí hay sólo dos posibles resultados. Uno, el jefe se niega a apoyarte en el esfuerzo para mejorar e incluso asumir responsabilidades adicionales – y puede incluso ser un imbécil en esto. Si resulta así yo me iría tan pronto como mis situación financiera o de otra índole me lo permitiera. Este escenario es posible, pero me parece improbable.

Creo que es mucho más probable que tu jefe esté intrigado por tu iniciativa y tenga al menos un poco de curiosidad por ver qué va a pasar. Si yo estuviese en su lugar, pensaría que no tengo nada que perder y tal vez un jugador clave que ganar, que podría avanzar en el equipo sin los costos de contratación y la adición de un nuevo salario. No veo ningún inconveniente.

Estrategia 3: En las reuniones de seguimiento hay que mostrar progreso

La primera reunión fue para poneros de acuerdo y hablar el mismo lenguaje. Las sesiones subsiguientes son para supervisar el progreso. Si tu supervisor te ha apoyado en esto significa que ha apostado por el programa y tiene interés en verte triunfar.

No esperaría los 30 días para interactuar con él de nuevo. Haz preguntas y muestra el progreso de forma gradual, de modo que el proyecto y tú seguís estando presentes en su mente.

Si la segunda reunión va bien no pierdas tiempo, presiona para programar las sesiones de manera regular: «Esto es valioso para mí, ¿qué tal si nos vemos juntos unos pocos minutos cada martes a las 3:15?»

Estrategia 4: Encuentra un mentor

Independientemente del tipo de trabajo que hagas, hay gente que estará encantada de compartir sus conocimientos contigo para ayudarte a hacerlo mejor. Quizá un compañero de categoría superior en tu equipo, o alguien que se haya jubilado. Podría ser un empleado excepcional que haya trabajado para tu competencia, o alguien que encontrarás en un foro relacionado con tu sector. Hay alguien ahí fuera con capacidad y voluntad de ayudarte. Encuéntrales.

Un mentor puede ser una eficaz referencia no sólo en cuestiones técnicas, sino incluso para sobrevivir en tu puesto de trabajo. Muchas personas de éxito lo han utilizado y todavía lo hacen.

Estrategia 5: La comida puede ser un gran nivelador

No me preguntéis sobre la psicología que lo explica, pero el acto de compartir la comida puede romper desconfianzas y llevarnos a abrirnos un poco a los demás. He visto derrumbarse muros entre personas tras una comida. Aunque pienses que no aceptará, la próxima vez que vayas a pedir comida para llevar con tus compañeros, pregúntale a tu jefe si también quiere o propon ir a comer algo a la hora de salir.

Continua invitándole hasta que acepte. Ser jefe puede ser algo solitario. El simple hecho de que te inviten significa que alguien te acepta. Mándale este mensaje.

Habréis advertido que no he sugerido ir a tomar unas cervezas con el jefe. El alcohol es suero de la verdad. He visto personalmente a un par de personas diciendo cosas en la «hora feliz» que se convirtieron en motivo de gran infelicidad al día siguiente.

Simplemente considéralo un axioma: La combinación de alcohol y jefe es arriesgada.

Conclusión

Las personas no cambian fácilmente. Esto es cierto cuando hablamos de nuestros jefes pero cuando hablamos de nosotros, también. El verdadero cambio llega con experiencias de la vida que sacuden nuestro mundo y nos hacen mirarnos a nosotros mismos con una mirada nueva. Si tu jefe es un cliente difícil puede que continue siéndolo. Aún así, puedes ayudar a modificar su comportamiento.

Una de las primeras lecciones que aprendí es que el camino más fácil para conseguir lo que quiero es ayudar a otros a obtener lo que desean. Si tu jefe ve que trabajando contigo los números salen mejor o que se consigue cualquier otro beneficio significativo, entonces es probable tener un buen trato. En ese momento, depende de ti que mejore su opinión sobre ti y tu valor para la organización.

En mi carrera – con una notable excepción – en el momento en que mi jefe supo que me tomaba mi trabajo de modo profesional y que tenía la firme intención de empujarle a él para que me ayudara a tener éxito, rara vez tuve que vérmelas con muchas negativas.

Cuando dejé de ver a mi jefe en términos de bueno o malo y me centré en lo que podía controlar – si se me veía como activo o pasivo – las cosas se simplificaron mucho.

¿Y si no tienes jefe?

A mí me gustaría cuestionar el motivo del post: «estrategias para crear una relación de trabajo sólida con un supervisor difícil».
Porque tras leerlo mi pregunta es ¿sólo para empleados con un supervisor difícil? ¿No crees que algunas de estas estrategias pueden ser útiles también para profesionales, freelancers, emprendedores, etc.?

  1. Comprometerte con tus clientes
  2. Conocer su opinión, tener claro lo que quieren y cómo puedes ayudarles
  3. Mantenerles informados del progreso de las acciones
  4. Encontrar mentores, colaboradores y/o inversores
  5. Comer con el cliente cuando la ocasión lo permita

Por otro lado, como buena parte del conjunto de estrategias está basado en la realización de un proyecto, seguro que vendrá bien tener presente las posibles frases asesinas, esas que te desmontan el proyecto antes de empezar, para prevenirnos, prepararnos y actuar en consecuencia.

¿No será más práctico enfocarnos en los hechos o las acciones y no entrar en dialécticas infructuosas? 😉

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5 Respuestas a “Cinco Estrategias para Sobrevivir a un Jefe Difícil”

  1. […] Este artículo, 5 estrategias para sobrevivir a un jefe difícil, lo ha traducido Carme Pla y publicado también en su blog para convertirlo en nuestro sexta experiencia de sharismo sincronizado, tras los anteriores posts: […]

  2. Yoriento dice:

    Qué buen artículo has elegido, muy conductual y aplicado¡ 😉

    Y, como bien dices, son reflexiones que también son razonables para aquellos que son y somos nuestros propio jefe. Como te tuiteé hace unos minutos, «hay mejores y peores directivos, pero el peor jefe de uno puede llegar a ser uno mismo.»

    Gracias por este sexta experiencia sharista 😉

  3. Carme dice:

    Parece que en general los buenos líderes escasean, o quizá esperamos más de lo que en realidad deberíamos. Pero todos somos nuestro propio jefe en alguna parte de nuestra vida, o al menos deberíamos, creo yo 🙂

    Gracias a ti, Alfonso, me encanta la experiencia 🙂

  4. Anónimo dice:

    La cuestión es más difícil en el mundo del funcionariado donde todos son funcionarios de carrera con distinto nivel. Áquí, un jefe inseguro e inútil será un gran problema para los funcionarios de menor categoría que tengan más capacidad que él.
    ¿Qué ocurre en el supuesto de que el jefe, funcionario, utilice el trabajo de los subordinados para ponerse medallas, y reconozca privadamente la valía a cada uno de ellos, pero públicamente no? ¿y se se descubre que en privado descalifica a los mismos subordinados que frente a frente elogia?
    ¿Cómo se puede actuar contra este tipo de jefes?
    Espero una orientación, porque yo tengo uno, pero es jefa.

    • Carme dice:

      Olvídate de ir «en contra» de cualquier jefe, independientemente del mundo en que estés. Tu jefa es como es y eso es lo primero que tienes que aceptar. Una vez hecho esto, lo siguiente es preguntarte si tu trabajo merece la pena «a pesar» de tu jefa. Si la respuesta es «sí», entonces será el momento de aplicar las estrategias de Jerry con la idea de ayudarte a ti mismo a conseguir lo que quieres mientras le ayudas a ella a conseguir lo que ella quiere.
      Lo primero es decidir si te quedas o te vas. Si decides quedarte tendrás que encontrar la forma de hacer tu trabajo y ayudar a tu jefe.

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