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Cuando un psicólogo como Alfonso lleva tiempo diciendo en su blog que se precisa más investigación científica en el campo de la psicología, piensas que es muy probable que tenga razón. Cuando toda una industria, como la farmacéutica, se pone de acuerdo y decide ponerse manos a la obra, intuyes que la necesidad será acuciante.

Entre los temas que se vienen comentando en el blog de Yoriento encontramos el relacionado con la autoayuda y lo que Alfonso ha acuñado como «psicolabia«. Intrusiones acientíficas en temas propios de la psicología y su campo de estudio. Alguna vez se ha puesto a la medicina como ejemplo donde el método científico es indiscutible. ¿Pero qué pasa cuando medicina y psicología confluyen? Dicen los expertos que es en los límites, en las zonas de intersección, donde nacen las innovaciones.

De innovaciones e investigación habla el artículo que hemos elegido para la nueva entrega de sharismo sincronizado con Yoriento. Esta vez las dos versiones de nuestros posts son bastante distintas: en este blog tenemos un resumen de la historia del efecto placebo, mientras que el post que Alfonso ha titulado La vida es un placebo se centra en los comportamientos cotidianos, personales y profesionales que están relacionados directa o indirectamente con efectos placebo.

En la revista Wired han publicado un artículo que anuncia que la industria farmacéutica está a punto de iniciar un estudio a nivel mundial sobre el efecto placebo , explica lo que ha llevado a ello y por qué: Placebos are getting more effective. Drugmakers are desparate to know why. (En este otro enlace tenemos la versión completa traducida al castellano).

Esto es una línea placebo. No sirve para nada pero nos hace sentir bien.

En los años 80 y 90 las industrias farmacéuticas fueron entrando en el mercado de los antidepresivos con productos innovadores que les reportaron muchos beneficios. Pero a partir del 2001 cada vez es más difícil lanzar productos realmente nuevos que superen las pruebas necesarias para la aprobación de la FDA, lo cual está afectando el rendimiento económico de las industrias.

Entre los años 2001 y 2006, el porcentaje de productos nuevos dejados de desarrollar tras las pruebas clínicas de Fase II, en que los medicamentos se prueban por primera vez contra un placebo, alcanzan el 20 por ciento. El ratio de fracaso en pruebas más extensas en Fase III se incrementó al 11 por ciento, principalmente debido a resultados sorprendentemente pobres contra el placebo. A pesar de niveles históricos de la industria en inversión en I+D, la Administración USA de Food and Drug aprobó sólo 19 medicinas primeras-de-su-tipo en 2007—la menor cifra desde 1983—y sólo 24 en 2008. La mitad de los medicamentos que fallan en pruebas de últimas fases se retiran del trámite debido a su incapacidad de superar a las pastillas de azúcar.

Pero no se trata sólo de los productos nuevos, también el comportamiento de los tradicionales se ha visto modificado, lo que ha sumido a la industria en una «crisis».

No es sólo que las pruebas de nuevos medicamentos están cruzando los límites de la futilidad. Algunos productos que han estado en el mercado durante décadas, como el Prozac, están fallando en pruebas de seguimiento más recientes. En muchos casos, estos son los componentes que, a finales de los 90, hicieron que las Grandes Farmacéuticas fuesen más rentables que las Grandes Petroleras. Pero si estos mismos medicamentos se inspeccionasen ahora, la FDA podría no aprobar algunos de ellos. Dos análisis integrales de pruebas de antidepresivos han descubierto un incremento espectacular en la respuesta del placebo desde 1980. Se estima que lo que se llama medida del efecto (una medida de la importancia estadística) en grupos de placebo casi se ha doblado en ese tiempo.

El hecho de que un número creciente de medicamentos sea incapaz de ganar la batalla a las pastillas de azúcar ha sumido a la industria en una crisis. Los riesgos son muy altos. En la economía actual, el destino de una empresa arraigada puede pender del resultado de un puñado de pruebas.

¿Sabes el paciente al que recetaste placebo? Pagó la factura con dinero del Monopoly

La primera alarma saltó a finales de los 90. William Potter, un desarrollador de los laboratorios Lilly que anteriormente había sido psiquiatra, fue quien vislumbró el problema e hizo una propuesta.

Para probar los productos internamente, las empresas farmacéuticas hacen pruebas rutinarias en las que la medicación establecida de hace tiempo y la nueva experimental compiten una con la otra y con un placebo. Como jefe de desarrollo de un medicamento psiquiátrico en fase temprana de Lilly a finales de los 90, Potter vio que incluso caballos de guerra veteranos como el Prozac, que habían estado en el mercado durante años, estaban siendo alcanzados por pastillas falsas en pruebas más recientes. Los antidepresivos de nueva generación de la empresa se estaban comportando mal también al no dar mejores resultados que el placebo en siete de 10 pruebas.

Como psiquiatra, Potter sabía que algunos pacientes realmente parecen que mejoran la salud por motivos que tienen más que ver con la empatía del médico que con el contenido del medicamento. Pero le desconcertó que medicamentos que había estado recetando durante años pareciese que tengan dificultades para probar su efectividad. Pensando que podíamos estar pasando por alto algo crucial, Potter llamó a un IT geek llamado David DeBrota para que le ayudase a revisar la base de datos de Lilly con las pruebas publicadas y no publicadas—incluidas las que la empresa guardaba en secreto debido a la alta respuesta del placebo. Añadieron las conclusiones de décadas de pruebas de antidepresivos, buscando patrones e intentando ver qué había cambiado a lo largo del tiempo. Lo que encontraron cuestionó algunas de las presunciones básicas de la industria sobre su proceso de evaluación de los medicamentos.

«Éramos capaces de identificar muchos de los temas centrales en juego,» dice Potter. «Pero no había ninguna respuesta clara al problema.» Convencido de que Lilly se estaba enfrentando a algo demasiado complejo para cualquier farmacéutica por sí sola, Potter salió con un plan para romper los muros entre investigadores a lo largo de la industria, permitiéndoles compartir datos en un «espacio pre-competitivo.»

Con el estímulo de Potter y otros, la NIH se enfocó en el tema en el año 2000, albergando una conferencia de tres días en Washington. Por primera vez en la historia de la medicina, más de 500 desarrolladores de medicamentos, médicos, académicos y diseñadores de pruebas juntaron sus cerebros para examinar el papel del efecto placebo en las pruebas clínicas y la curación en general.

El ambicioso plan de Potter por un enfoque colaborativo al problema finalmente cayó en su propio límite de futilidad: Nadie pagaría por ello.

Paralelamente, en la Universidad de Turín en Italia se se han venido realizando estudios relacionados con la «respuesta placebo» que han permitido crear el mapa de muchas de las reacciones bioquímicas responsables del efecto placebo, descubriendo un amplio repertorio de respuestas auto-curativas.

Fabrizzio Benedetti empezó a interesarse por los placebos a mediados de los 90, mientras realizaba estudios sobre el dolor. Pero no consiguió financiación hasta que llegó con un estudio, hecho años antes, que sugería que el efecto placebo tenía un origen neurálgico. Los científicos de USA encontraron que un medicamento llamado naloxone bloquea el poder paliativo del dolor de los tratamientos de placebo.

Benedetti ha ayudado a diseñar un protocolo para minimizar las expectativas de los voluntarios que lo llama «abierto/oculto.» En las pruebas estándar, el acto de tomar una pastilla o recibir una inyección activa la respuesta placebo. En pruebas abiertas/ocultas, los medicamentos y los placebos se dan a algunos sujetos de la forma usual y a otros a intervalos aleatorios por vía IV controlada por un ordenador oculto. Los medicamentos que sólo funcionan cuando el paciente sabe que están siendo administrados son placebos por sí mismos.

El tiempo está dando la razón a investigadores como Potter, Benedetti y otros. La industria farmacéutica está aportando los fondos para llevar a cabo sus investigaciones.

Diez años y miles de millones de dólares en I+D después de que William Potter por primera vez hiciera sonar la alarma sobre el efecto placebo, su mensaje finalmente ha llegado. En primavera, Potter, que ahora es Vice Presidente en Merck, ayudó a acelerar un esfuerzo de recogida de datos masiva llamado «Placebo Response Drug Trials Survey«.

Bajo los auspicios del NIH, Potter y sus colegas están adquiriendo décadas de datos de pruebas—incluyendo muestras de sangre y ADN—para determinar qué variables son responsables del aparente aumento en el efecto placebo. Merck, Lilly, Pfizer, AstraZeneca, GlaxoXmithKline, Sanofi-Aventis, Johnson & Johson, y otras empresas importantes están proporcionando los fondos para el estudio y el proceso de quitar los nombres de los voluntarios y otra información personal de la base de datos está a punto de empezar.

Pfizer ha pedido a Fabrizzio Benedetti que ayude a la empresa a averiguar por qué dos de sus medicamentos analgésicos siguen fallando. Red Kaptchuk está desarrollando modos de distinguir la respuesta a los medicamentos más claramente de la respuesta placebo para otra casa farmacéutica que declina nombrar. Ambos están explorando modelos de pruebas innovadores que tratan el efecto placebo como más que simplemente ruido estadístico compitiendo con el medicamento activo.

Os animo a leer el post de Yoriento y haceros una pregunta. Tras ver que algunos comportamientos cotidianos tienen alguna relación con el mecanismo que da lugar al efecto placebo, ¿creéis que el tipo de investigaciones que comenta la revista Wired podrían repercutir sobre el conocimiento del funcionamiento de las expectativas en los viajes, sobre todo en vacacional?

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3 Respuestas a “Viaje del pasado al futuro del placebo”

  1. Bastante detallado tu artículo acerca del efecto placebo en las farmacéuticas, lo cual da lugar a más dudas que respuestas. Si como dices, muchos antiguos medicamentos, que ya antes pasaron las pruebas y son usados en el día a día de los pacientes, significa que esas drogas nunca debieron aprobarse? Que su efecto era(es) mínimo y por tanto, ignorable? Deberían ser re-revisados? Definitivamente un estudio muy interesante, y que de seguro tiene bastantes repercusiones más allá de la medicina…

  2. Carme dice:

    Lo primero insistir en que toda la información se basa en el artículo de Wired que traduje y resumí pues me pareció realmente interesante.
    Sólo estoy traduciendo lo que cuenta el artículo, pues no conozco esta industria.

    Según Wired, no se cuestionan en absoluto los medicamentos que se aprobaron hace años, las investigaciones se centran en el placebo. Es decir, los cambios se han dado en la respuesta al placebo y las hipótesis que se están estudiando incluyen entre las posibles causas el propio éxito de las campañas de marketing de las farmacéuticas.

    Es una posibilidad, pues la respuesta placebo es la respuesta que damos a unas expectativas y con la globalización algunas campañas de marketing han llegado a prácticamente todos los rincones del mundo, generando expectativas por doquier.

    Pero el marketing no es (o no debería ser) sólo un instrumento de ventas sino que va mucho más allá y habría que tenerlo en cuenta. De confirmarse esta hipótesis éste sería un ejemplo y caso de estudio muy bueno.

    Pero habrá que esperar al resultado de las investigaciones que aún tienen que empezar y pueden confirmar o desmentir.

    Como bien dices en tu comentario, de momento todo son dudas. Muchas gracias por comentar.

  3. Jennifer dice:

    Hola:
    Soy psicologa y deseo felicitarte por el articulo pues como bien dices existen muchos medicamentos cuya unica funcion es actuar como placebos proporcionandole a las industrias farmaceuticas ganancias considerables. No obstante, debemos ser capaces de diferenciar: hay medicamentos cuyos principios activos verdaderamente funcionan mientras que existen otros que funcionan a partir de la activacion de las defensas del propio organismo pero la pregunta sería: ¿podría la persona eliminar el dolor sin el placebo? Probablemente no.
    He escrito un artículo al respecto en mi sitio que les recomiendo modestamente donde retomo un estudio alemán y el estudio italiano que acá referencias: http://rincon-psicologia.blogspot.com/2009/11/el-efecto-placebo-su-multideterminacion.html
    Un saludo desde el Rincon de la Psicologia

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